Habilidades para el progreso social: el poder de las habilidades sociales y emocionales


Durante la Reunión Ministerial de la OCDE en San Pablo, Brasil, el 23 y 24 de marzo de 2014, se acordó unánimemente en la necesidad de desarrollar un “niño completo”, dotado de una serie equilibrada de habilidades cognoscitivas sociales y emocionales que le permitan enfrentar mejor los desafíos del siglo XXI y lograr resultados positivos de vida. Los niños talentosos, motivados, movidos por objetivos y de espíritu de grupo tienen más probabilidades de superar dificultades y desempeñarse bien en el mercado laboral y, por consiguiente, alcanzar el éxito en la vida.

El informe hace revisiones de la literatura, análisis empíricos de datos longitudinales y una revisión de las políticas y prácticas de los países miembros para identificar  caminos de acceso al desarrollo social y emocional efectivo, como la promoción de relaciones sólidas entre los educadores y los niños, la utilización de ejemplos de la vida real y la experiencia práctica en las actividades curriculares existentes, y el énfasis en el aprendizaje práctico en las actividades extracurriculares.

Las evidencias obtenidas de estudios longitudinales en nueve países de la OCDE muestran que las habilidades cognitivas, sociales y emocionales tienen un papel significativo en la mejora de los resultados económicos y sociales. El aumento de los niveles de habilidades cognitivas de los niños según lo miden la lectoescritura, las pruebas de aptitud académica y las notas académicas puede tener un efecto especialmente fuerte en la realización de estudios terciarios y los resultados laborales.}

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El incremento de los niveles de habilidades sociales y emocionales (como por ejemplo la perseverancia, la autoestima y la sociabilidad) puede a su vez tener un efecto especialmente significativo en la mejora de los resultados relacionados con la salud y el bienestar subjetivo, así como en la reducción de los comportamientos antisociales.

Los responsables de la elaboración de políticas, docentes, padres e investigadores, pueden ayudar a expandir el potencial de crecimiento de los niños si se comprometen activamente en el desarrollo de actividades dentro de los campos que tienen bajo su responsabilidad.  Las mejoras de los contextos y prácticas de aprendizaje no exigen necesariamente grandes reformas o recursos. Es posible poner en marcha este proceso adaptando la forma en que se organizan las actividades curriculares y extracurriculares existentes.

Además, las habilidades sociales y emocionales se pueden medir de manera válida y confiable dentro de cada contexto cultural y lingüístico. Estas mediciones pueden ser esenciales para ayudar a los responsables de la elaboración de políticas a evaluar mejor las habilidades actuales de los niños y sus necesidades futuras, y ayudar así a los docentes y los padres a adaptar de manera eficaz y acorde la pedagogía, la crianza y los entornos de aprendizaje. Los programas educativos deben asegurar la coherencia entre los contextos de aprendizaje (es decir familia, escuela y comunidad) y las etapas de progreso escolar (es decir escolaridad primaria, ciclo secundario inicial y ciclo secundario final). Esta es una manera importante de maximizar los resultados de la inversión en habilidades durante el ciclo vital.

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